La profesión de la abogacía está siendo cada vez más vilipendiada desde frentes muy diversos. Tanto es así que en los últimos años se está alzando la voz por parte de compañeros/as y de colegios profesionales acerca de la salud mental de l@s abogad@s. Se trata de un asunto del que poco se ha hablado y poco se ha abordado hasta hace poco.
Llega agosto; y con él, nuestro “final de curso”, para muchos de nosotros, la actividad se ralentiza, algunos hasta nos tomamos unos días de descanso apartando al / la guerrer@ que llevamos dentro durante nuestras jornadas laborales. En este punto, no se puede evitar hacer balance de lo que ha deparado el año, de las dificultades encontradas, de los resultados obtenidos, unas veces negativos y otros positivos; pero sobre todo hacemos balance de las condiciones en las que todo esto se ha desarrollado, en qué condiciones se ha desarrollado más allá de la lógica del derecho, de cómo llevamos nuestra salud mental, de cómo hemos afrontado los retos…
Recordemos que l@s abogad@s tenemos que ser un firme apoyo en los objetivos de nuestro cliente; y para ello, debemos cuidar nuestros propios apoyos.
Gracias a much@s compañer@s y colegios de abogados, se ha hecho visible el grado de presión que soportamos l@s abogad@s mas allá de la rivalidad o competencia entre compañeros, lo cual, en cierto modo y siempre dentro de los límites de la ética profesional, no deja de ser bonito y enriquecedor.
Distinto es lo que recibimos en muchas ocasiones de los tribunales y funcionarios de justicia, que a veces no ven a l@s abogad@s como un eslabón más en lo que debe ser la sólida cadena de la justicia, siendo que el trato que en ocasiones recibimos no es del todo correcto; no obstante, gracias a la labor de muchos colegios profesionales se ha creado conciencia de ello y las cosas van mejorando.
A lo antedicho, tengo que añadir un elemento nuevo, al menos para mí: ¿Cómo interactúa el cliente contrario? Por supuesto, nunca, bajo ningún concepto el/la letrad@ contacta con la parte contraria a sabiendas de que hay otr@ compañer@ que defiende sus intereses y son ellos a quien nos dirigiremos siempre; ahora bien, el cliente de la parte contraria ¿respeta las reglas de juego? ¿tiene algún tipo de ética? ¿o esto es nuevo reto al que nos debemos enfrentar en el ejercicio de nuestra profesión?
Hace unos meses volé a otra ciudad para celebrar un acto procesal en el seno de un procedimiento judicial en la ciudad de destino; al bajar del avión y durante todo el trayecto dentro del aeropuerto el contrario, se había tomado la molestia de prácticamente forrar el aeropuerto con la publicidad de su empresa; y de regalo, en la puerta de salida del aeropuerto tenían preparada otra sorpresa. Huelga decir que la vía más rápida para llegar al destino es la vía aérea y la que es usada en el 99% de las ocasiones. Por suerte para mí, ese despliegue de medios no les sirvió de nada; pero esto me lleva a preguntarme ¿Qué está pasando con el desarrollo de esta profesión? ¿Dónde está quedando la ética y el respeto a l@s abogad@s, no sólo como profesionales sino también como personas?
Recordemos que el humanismo es la base de la filosofía del derecho, que hemos de priorizar la razón para la conservación del fin último que es la justicia, sin dejar de lado que esa razón siempre va acompañada de la ética.
Defendamos la dignidad de una profesión cuyos orígenes se remonta a la antigua Grecia, no dejemos que caiga en la mediocridad, no dejemos que afecte a la salud mental de l@s abogad@s; en esa guerra no todo vale, dejemos que nuestro trabajo siga siendo el arte de la oratoria apoyada en el conocimiento.