Nos acercamos a la época del año más mágica, donde los niños son los protagonistas por excelencia, sin ningún lugar a dudas son ellos quienes más la disfrutan, en cualquier forma que se presente; son ellos los que son capaces de generar esa magia de la que es inevitable que se contagien los adultos.

Tristemente, no tod@s l@s niñ@s vivirán esta época con una felicidad plena; hace menos de un mes, se dio voz a aquellos niñ@s y mujeres que son víctimas de violencia vicaria, que si bien es necesario que se les de voz, nos lleva a preguntarnos ¿Qué sucede con l@s niñ@s no incluidos en lo anterior?, refiriéndonos a esos niñ@s que son víctimas de una presión psicológica que roza el maltrato a manos de sus madres, quienes ejercen este tipo de violencia sobre l@s menores con la única finalidad de inferir dolor al padre.

Ante una justicia lenta porque no tiene más capacidad, es estremecedor el daño que se le causa a l@s menores por parte de su madre, que para cuando la justicia quiere actuar el daño en el menor ya es irreparable; del mismo modo, resulta sobrecogedor ver como los padres sufren junto con sus hij@s este tipo de comportamiento de manera silenciosa y dolorosa; en este punto, la conclusión se plantea obvia, tanto en uno como en otro caso, los progenitores vuelcan sus emociones no gestionadas sobre l@s menores, encontrándonos que estos son lastimados a manos de quienes debían protegerlos.

No podemos obviar el caso de mujeres que más allá de lo anterior, pretenden usar a sus hij@s como un cheque en blanco al portador bajo la excusa de la pensión de alimentos, pretendiendo ejercitar unas pretensiones alejadas de toda lógica; la presión que sufren l@s menores y los padres de estos en un proceso de divorcio pocas veces tiene visibilidad, se puede afirmar sin ningún lugar a dudas que los chicos si lloran, sufriendo junto con sus hij@s la cólera que cae sobre ellos y que en muchas ocasiones tiene su origen en la frustración de la otra parte, respecto de la que cada vez la justicia es menos ciega.

Recordemos que dar visibilidad a este tipo de situaciones tanto de un lado como de otro, resulta necesario para proteger a los menores y  que estos artífices de la fantasía de la Navidad, puedan seguir generando magia.